
Después de compartir cierta parte de tu vida con un personaje como R-Boy la percepción de las cosas se vuelve diferente. Digamos que aprendes a valorar más a tu madre y todos esos sabios conocimientos que te dio desde que eras una niña. Cuando tu madre te decía "Recoge eso", "Haz la cama", "No dejes la ropa tirada..." esas cosas que tu tanto odiabas pero que hoy en día constituyen un hermooooso legado. Cuando además descubres que por desgracia hay muchos como él, todavía agradeces más tener una madre tan limpia.
La historia ocurrió mientras buscábamos casa en Dublín. Aún recuerdo un tipejo llamado Jose que tenía anunciada su chabola en la web. Lo que ofrecía era una habitación doble, cerca del city centre, con compañero agradable a la par que "easy-going", que es algo así como "de trato fácil". El tal Jose, como su nombre delata, era español. No se por qué pero cuando estás lejos de tu país tiendes a pensar que los compatriotas que te encuentres por ahí van a ser buena gente. Pronto descubres tu gran error.
Durante el trayecto pudimos comprobar la primera de las bolas: cerca, lo que se dice cerca de la city, tampoco estaba. Al llegar reparamos perplejos en la segunda: el maravilloso chalet era en realidad un auténtico chamizo infecto de no más de 30 metros cuadrados. Y nuestra hermosa habitación de 600 eurillos de nada consistía en un colchón empotrado entre la pared y cuatro tablas destartaladas que él llamaba armario, un "escritorio" y una silla guarrindonga. En ese mínimo espacio con olor a naftalina cabían exactamente dos personas de pie. O dos de pie y otra tumbada. En el colchón empotrado por supuesto.
Tuvimos la oportunidad de poder hablar con semejante individuo que tenía la poca vergüenza de pedir 100.000 de las antiguas pesetas por vivir como debajo de un puente pero sin corriente, y resultó que su personalidad era totalmente acorde con el entorno que la rodeaba.
El tío, que de por sí no era muy agradable a la vista, se sentó delante de nosotros con pose de "macho men" de las pelis de los 70, es decir, cuerpo repanchingado sobre el sofá, puro en la boca y mano derecha recostada sobre lo que él consideraba su mayor tesoro. Él era todo un macho, tenía que mostrar sus dotes al personal. Nos habló de que el anterior compañero era un vividor, que se pasaba todo el día en casa y que, palabras textuales, "¡ni si quiera se trae a tías, el cabrón!". En mi opinión cualquier humano de sexo femenino saldría corriendo de allí. Con gente como esta, no me extraña que la baja natalidad sea un problema común en Europa.
El tío, que de por sí no era muy agradable a la vista, se sentó delante de nosotros con pose de "macho men" de las pelis de los 70, es decir, cuerpo repanchingado sobre el sofá, puro en la boca y mano derecha recostada sobre lo que él consideraba su mayor tesoro. Él era todo un macho, tenía que mostrar sus dotes al personal. Nos habló de que el anterior compañero era un vividor, que se pasaba todo el día en casa y que, palabras textuales, "¡ni si quiera se trae a tías, el cabrón!". En mi opinión cualquier humano de sexo femenino saldría corriendo de allí. Con gente como esta, no me extraña que la baja natalidad sea un problema común en Europa.
¡¡Un poquito de por favor!!
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