sábado 2 de junio de 2007

¡¡AY, QUE TIEMPOS AQUELLOS!!

Me hace mucha gracia pensar en cómo antes me quejaba cuando el metro de Madrid tardaba un poco más de lo que estaba acostumbrada, no sé, se me ocurre que en vez de pasar cada 3 minutos pasaba cada 5 ó 6. Yo me ponía echa una furia porque desde pequeña he ido como comúnmente se dice "con la hora pegada al culo" a todos los sitios. El hecho de que se retrasara unos minutos suponía que llegara tarde en vez de justa.

Desde que empecé a vivir aquí mi percepción del tiempo cambió por completo. Nunca en mi vida podría haberme imaginado que en una ciudad con menos de la mitad de población que tiene mi querida Madrid ocurriesen fenómenos tan asombrosos como estos:

-La media de espera de un autobús es de 10 a 20 minutos.

-La media de espera del tren, (ya que aquí no existe el metro) es de 30 minutos en hora punta, es decir de 7:00 a 8:00 de la mañana, y de 1 hora en el resto de la franja horaria.

-Puede que aun habiéndote cerciorado de la hora exacta a la que se supone que pasa tu bus o tren, el conductor del mismo decida no aparecer, (esto significa NUNCA, no más tarde) y te quedes tirado en la parada con cara de gilipollas.

-Existen casos en los que el autobús directamente no para en la parada porque el conductor considera que ya hay demasiada gente, por lo que te toca esperar otros 15 minutillos de media si tienes suerte.

-Los autobuses tienen dos puertas pero misteriosamente y por razones que no alcanzo a comprender sólo abren una. Es decir, que cuando todo el mundo está aguardando impaciente a entrar en el bus porque lleva de pie un huevo y quiere sentarse, tiene que seguir esperando a que salgan los pasajeros de a bordo. Si resulta que estás en una parada concurrida, lo que ocurre en la mayoría de los casos, te toca echarle otro ratito más de pie.

-Y digo de pie porque las paradas son un palo con un cartelito que define los autobuses que paran. No hay ni un triste banquito.

-Increiblemente en un país donde llueve constantemente son pocas, por no decir nulas, las paradas con marquesina.

-Vayas a donde vayas, ya sea al Este, al Oeste, al Norte o al Sur, da igual de donde salgas porque siempre tienes que pasar por el centro. Esto significa que si por ejemplo te encuentras en Dublin 15 y quieres ir a Dublin 13, que está un poquito más a la derecha en las mismas coordenadas, tienes que obligatoriamente irte al centro y de allí a tu destino. No hay caminos alternativos.

-Y la mejor de todas: Un viajecito en autobús te sale por 1,90€ y en tren por 2€. El abono transportes te cuesta 85,50€ para viajar sólo en tren y 113 pavos si deseas el combinado tren/bus.

Con todas ellas no me queda más remedio que decir: ¡Viva "La Espe" y el metro de Madrid!

miércoles 30 de mayo de 2007

600 EURILLOS DE NADA

Después de compartir cierta parte de tu vida con un personaje como R-Boy la percepción de las cosas se vuelve diferente. Digamos que aprendes a valorar más a tu madre y todos esos sabios conocimientos que te dio desde que eras una niña. Cuando tu madre te decía "Recoge eso", "Haz la cama", "No dejes la ropa tirada..." esas cosas que tu tanto odiabas pero que hoy en día constituyen un hermooooso legado. Cuando además descubres que por desgracia hay muchos como él, todavía agradeces más tener una madre tan limpia.

La historia ocurrió mientras buscábamos casa en Dublín. Aún recuerdo un tipejo llamado Jose que tenía anunciada su chabola en la web. Lo que ofrecía era una habitación doble, cerca del city centre, con compañero agradable a la par que "easy-going", que es algo así como "de trato fácil". El tal Jose, como su nombre delata, era español. No se por qué pero cuando estás lejos de tu país tiendes a pensar que los compatriotas que te encuentres por ahí van a ser buena gente. Pronto descubres tu gran error.

Durante el trayecto pudimos comprobar la primera de las bolas: cerca, lo que se dice cerca de la city, tampoco estaba. Al llegar reparamos perplejos en la segunda: el maravilloso chalet era en realidad un auténtico chamizo infecto de no más de 30 metros cuadrados. Y nuestra hermosa habitación de 600 eurillos de nada consistía en un colchón empotrado entre la pared y cuatro tablas destartaladas que él llamaba armario, un "escritorio" y una silla guarrindonga. En ese mínimo espacio con olor a naftalina cabían exactamente dos personas de pie. O dos de pie y otra tumbada. En el colchón empotrado por supuesto.

Tuvimos la oportunidad de poder hablar con semejante individuo que tenía la poca vergüenza de pedir 100.000 de las antiguas pesetas por vivir como debajo de un puente pero sin corriente, y resultó que su personalidad era totalmente acorde con el entorno que la rodeaba.
El tío, que de por sí no era muy agradable a la vista, se sentó delante de nosotros con pose de "macho men" de las pelis de los 70, es decir, cuerpo repanchingado sobre el sofá, puro en la boca y mano derecha recostada sobre lo que él consideraba su mayor tesoro. Él era todo un macho, tenía que mostrar sus dotes al personal. Nos habló de que el anterior compañero era un vividor, que se pasaba todo el día en casa y que, palabras textuales, "¡ni si quiera se trae a tías, el cabrón!". En mi opinión cualquier humano de sexo femenino saldría corriendo de allí. Con gente como esta, no me extraña que la baja natalidad sea un problema común en Europa.

¡¡Un poquito de por favor!!

viernes 20 de abril de 2007

LA FIESTA DE ST PATRICK

La primera semana a nuestra llegada coincidimos con un evento muy importante en Dublín: la fiesta de St Patrick. San Patricio, como diríamos en español, es un santo muy querido por estas tierras. Y no sólo porque enseñara los misterios de la religión católica trébol en mano, sino porque su nombre sirve de excusa para montarla gorda.
Según cuenta la leyenda, Patricio (que todavía no era santo), trató de explicar a los lugareños el misterio de la Trinidad. Como los pobrecillos no entendían eso de que tres eran uno, y viendo que lo de contar cabras no le daba resultado se pasó al trébol. Era perfecto: Tres hojas en un sólo elemento. El misterio quedaba resuelto. Desde entonces el trébol es el símbolo de la suerte en Irlanda.

Volviendo al día en cuestión, lo primero que decidimos hacer fue ir a ver el desfile que hacían en O'connell street, una de las vías más importantes de Dublín. Y digo "ir a ver" porque basicamente lo que hicimos fue ir pero no ver nada.
Por regla general, cualquier desfile suele estar muy concurrido, la gente se apelotona para poder acercarse más e intentar ver algo entre las cabezas de los presentes. Y claro, los niños son los que se llevan la peor parte. Los pobrecitos son tan bajitos que sólo pueden ver a través de los culos de los presentes. Es terrible.
Pero los irlandeses son gente muy apañada y nunca dejarían que sus churumbeles tuviesen que pasar por semejante experiencia. Así que ellos, ni cortos ni perezosos van al desfile con una escalera. Así de simple.
La escalera debe ser plegable, para poder transportarla mejor, y lo suficientemente grande para que quepan los dos niños, el padre, la madre y por supuesto la abuelita. Hay que tener en cuenta que son muy familiares, les gusta estar todos juntitos. Personalmente, a mi me encanta su filosofía, pero claro, cuando llegas allí para ver las maravillas de la fiesta más importante de Irlanda, y te encuentras con que tienes que lidiar con un montón de familias subidas a escaleras...la cosa cambia.
Así que del desfile poco puedo contar porque como comprendereis mi posición era nada ventajosa, además de que mi altura natural me ayuda poco en estos casos.
Por lo que tras pasar un buen rato sin hacer nada, y viendo que la cosa no iba a cambiar decidimos ir a ver los danzas regionales. Estuvimos bailando y brincando con los que allí se encontraban, y he de decir que fue divertido pero claro, acabó pronto. Los horarios de Irlanda nada tienen que ver con los españoles: aquí aprovechan más el día que la noche.

Como nos parecía que irnos tan pronto a casa era pecado mortal, decidimos sumergirnos en la cultura de la cerveza y tomarnos unas pintas en una taberna del temple bar. ¡Dios mio! si le digo a mi madre que a las 6 de la tarde ya me estaba hincando medio litro de cerveza me deshereda.
Aquí son como esponjas. La media de pintas que se toma un irlandés común suele ser 11. Lo que según una sencilla regla matemática es igual a 5 litros y medio de cerveza. ¡5 litros y medio en unas 5 horas! Y luego dicen de la juventud española...
En Dublín a las 12 de la noche ya es tardecito y sólo los que más aguantan se quedan hasta las 2 de la madrugada, si es que el bar en cuestión sigue abierto. Así que imaginaos el percal: A las 9 de la noche, cuando en Madrid estamos arreglándonos para ir a cenar y luego salir, ellos ya llevan 3 litros de cerveza en el cuerpo. Fuerte, ¿eh?

martes 10 de abril de 2007

UN AUTÉNTICO VENDE LA MOTO

Antes de encontrar nuestro precioso pisito estuvimos alojados en la casa de una buena amiga que nos quiso ayudar a asentarnos en la ciudad. La verdad que fue un gesto muy amable por su parte porque encontrar casa es bastante difícil y lleva tiempo. Si subiésemos estado en un hostal o en un B&B nos hubiéramos gastado la mitad de nuestros ahorros y nos hubiéramos quemado antes. Así que desde aquí aprovechar a darle las gracias de corazón.
La verdad que a nuestra amiga según sus propias palabras la costó también mucho encontrar una casa donde vivir, y cuando encontró la que finalmente sería su hogar no la dejó escapar. Los compañeros eran jóvenes y la casa estaba limpita así que...¡que más se podía pedir!
Lo que no sabía la pobre era que "la casa de los chorros del oro" por excelencia que la habían vendido, era en realidad la auténtica "monster's house".
La gente guarra de nacimiento no puede evitar ser como es en el día a día, tan solo durante un corto periodo de tiempo, como por ejemplo el que transcurre durante una visita de un desconocido al que quieres alquilarle una habitación. Vamos lo que en todo pueblo de vecino se conoce como "vender la moto".

El mundo está lleno de gente que "vende la moto", y tienes que andar con cuidado de no tropezar con uno de ellos. He aquí el caso más significativo. Es un ejemplar de pura cepa que encontré en la casa de los monsters y que me sirve para mostrar cómo de indefensos estamos ante sus encantos. Como evidentemente esto es un sitio de dominio público y no quiero poner a nadie en evidencia le llamaré simplemente "R boy".

R boy es un "vende la moto" de los que hay que conocer, porque una vez que calas a éste, calas a todos los demás. Es buenísimo el tío.
R boy no es nativo de Irlanda pero se ha mimetizado muy bien con el entorno porque domina bien el inglés. Sus pautas de comportamiento son sencillas: ensucia y pasa de todo.
Pero él no puede ser como uno de tantos guarretes que abundan por ahí. ¡¡Ya hay muchos que tiran flemas en la calle cerca de donde pasas para distraerse mientras tu intentas desesperadamente evitar el pollo que vuela cual bala perdida!! ¡¡Ya hay muchos que se mean fuera del water!! ¡¡Ya hay muchos que eructan y se peen!! ¡¡Vamos a ser más originales!!
R boy pasa de todo eso porque es demasiado vulgar. Su proceder es más elaborado, más cuidado.

Para empezar, tiene que entrenar su sistema inmunológico a prueba de ataques nucleares. Puestos a pensar que la próxima gran guerra será de ese estilo, esto le va a venir de perlas.
R boy nunca, y digo nunca comerá algo que no sea precocinado, venga acompañado de salsas de todos los colores y no esté "reduced", es decir, tiene que ser algo que esté de saldo porque le quedan 24 horas para caducar y lo tienen que vender como sea. Es un visionario. El ve la oportunidad y la coge. No se le escapa una.
Un dato fundamental: las salsas en cuestión deben pasar por un periodo de adaptación a su nuevo dueño. Deben de conocerse, es como una relación que se forja desde dentro. La salsa debe de permanecer abierta encima de la mesa lo menos tres días. R boy pasa como si nada delante de ella durante ese tiempo, la ve, la olisquea y se va. Al tercer día la salsa ya huele a una mezcla entre rancio y agrio que cualquier otro despreciaría. Pero para él ya está justo en su punto.

En segundo lugar tiene que potenciar sus defensas a prueba de enfermedades extremadamente contagiosas poniéndose los mismos calcetines sucios una y otra vez. Los calcetines no pueden ser cualesquiera. Tiene que haber andando con ellos por encima del suelo sucio de la cocina donde se cayó hace 1 semana cerveza y salsa de tomate y se limpió así con un trapito guarrindongo para que no fuere tan evidente la suciedad. Por eso, el suelo está pegajoso, pero no se ve la mancha. Los calcetines se van adhiriendo al suelo y arrastran consigo la mierda del mismo, lo que también ayuda a mejorar su aspecto a uno más limpio.
Con esos mismos calcetines debe de dormir, ir a trabajar, volver a casa, dormir, ir a trabajar, volver a casa, y así durante un tiempo prudencial, no se, se me ocurre una semana. Tras ese periodo, los mete en la lavadora y espera a que salgan por su propio pie, porque él ya es un auténtico creador: Ha creado vida.

Todos estos actos carecerían de fundamento si por ejemplo, se dejara llevar por tradiciones estúpidas como lavar las sábanas. Pero Dios mio, ¿Dónde se ha visto semejante cosa?
Las sábanas se compran, se usan durante meses y luego, cuando las florecitas han dado paso a una nuevo estampado de destrucción masiva, se tiran. ¡Así de fácil!
Pero el kit de la cuestión, el por qué es un auténtico "vende la moto" y no sólo un tío cochino, es porque pese a todo, logra engatusar. Engatusó a mi amiga, la hizo creer que ¡era un tipo limpio! Y engatusó a las dos tías con las que tiene affairs paralelamente. Imaginaos, no sólo ha llevado a una a su cama de sábanas sucias sino a dos, ¡¡y encima lo hace varias veces!! ¡¡Las tías repiten!!
¿Será porque en los instintos más profundos de las mujeres preferimos los tíos con mayor capacidad de supervivencia? ¿Para que sus genes sobrevivan a cualquier atentado nuclear?
Tiene que ser eso, algo hormonal. Pero aun así id con cuidado, estar atentos, porque os podría pasar también a vosotros. Como R boy hay muchos sueltos.

domingo 8 de abril de 2007

LA TRANQUILIDAD TAMBIÉN TIENE SUS CONTRAS


Cuando llegamos a esta isla, todo era nuevo, todo olía a nuevo.
Viniendo de una ciudad grande como Madrid, al principio te resulta difícil adaptarte al ritmo de vida que aquí llevan. Para mi era imposible pensar en vivir en un piso que no estuviera cerca del centro, o relativamente cerca, es decir, que tuviera la opción de poder ir andando desde el mismo a cualquier lado aunque tardara un poco más. Cuando empezamos a buscar nuestro futuro hogar nos fuimos dando cuenta poco a poco que la distribución de esta ciudad poco tenía que ver con lo que estábamos acostumbrados.

La mayoría de la gente no vive en el "city centre", sino mas bien todo lo contrario. Aquí prefieren los barrios residenciales, lejos del bullicio de la metrópoli. Son construcciones tipo chalets adosados, normalmente con sus propias parcelas con jardín que suelen decorar con flores y plantas cuidadas con esmero. La ventaja es que son muy tranquilos, porque lo único que les rodea son parques, árboles, y la casa del vecino. Aquí cada pequeña urbanización se separa con parques, asi que son como una máxima. Les debe de encantar eso de que les llamen la isla esmeralda y no quieren perder las buenas costumbres.
No exagero, la media para ir a cualquier lado es atravesar lo menos tres parques. En Madrid equivaldrían a tres paradas de metro. Tanta tranquilidad es genial para dormir por las noches pero absolutamente desesperante cuando tienes que desplazarte andando a cualquier lado. Todo, absolutamente todo está lejos.

El concepto de la típica tienda de barrio, a la cual vas a hacer compras tontas tipo: "Ay cariño, se me ha olvidado comprar el pan, bajas un momento?" o tipo: "Esta ansiedad me va a matar, necesito chocolate!!" aquí no se lleva. Si vas a comprar te vas con todo el equipo: coche, bolsas y tarjeta de crédito. Así que si dispones de éste estupendo, porque aparcas, cargas y en 10 minutos estás en tu casita viendo la tele. Pero cuando no es el caso...estás jodido.

Creo que aquí he caminado más que los últimos dos meses que pasé en Madrid. Y no me malinterpretéis, que me encanta caminar pero cuando llevas una mochila a la espalda cargada de cebollas, leche, pimientos y pollo andar durante media hora se hace un pelín horroroso.
Eso si, por lo menos desgasto las calorías que se me están acumulando de comer esas guarrerías precocinadas buenísimas que encuentras en todos los super. Si ya lo digo yo, no hay mal que por bien no venga.

martes 3 de abril de 2007

COGER LA OPORTUNIDAD

Cuando llegué a Dublín he de admitir que sentí una mezcla entre emoción y cierto cosquilleo en el estómago, como cuando eres pequeño y te empecinas en subir a la montaña rusa más grande del parque. Tu estás ahí de pie esperando en la cola bajo un calor infernal, charlando con tus colegas sobre cosas intrascendentes para matar el tiempo mientras esperas a que te toque el turno...Estás deseando montar pero al mismo tiempo sientes unos nervios que te recorren todo el cuerpo, como un calambre arriba y abajo. Es esa sensación entre incertidumbre y entusiasmo, y la necesidad íntima de poder demostrarte a ti mismo que puedes subir en esa atracción del demonio, y que además te va a gustar.
Mi decisión de dejar aparcada mi vida en Madrid durante un tiempo y venirme a Dublín tuvo un período de meditación relativamente largo. Era una idea que me rondaba en la cabeza con frecuencia, pero no fraguó hasta que no reuní el dinero necesario para hacerla realidad. Para mi carrera es fundamental saber inglés perfectamente, pero no sólo fue esa la motivación principal. Quería demostrarme a mi misma que podía coger mi vida por las riendas, vivir una nueva experiencia, salir del cascarón, valerme por mis propios medios.
Cuando por fin tuve la pasta y la oportunidad (el panorama laboral nada más terminar la carrera nunca fue muy prometedor), me dije a mi misma que el momento era ahora o nunca. Y como entiendo que el "ahora" tiene siempre muchas más cosas que ofrecer que el "nunca" me lancé a por ello. En el peor de los casos siempre es mejor arrepentirse de las cosas que uno ha hecho que de las que nunca llegó a realizar. Si no te lanzas te queda la duda, la incógnita, el resquemor de "...Y si?"
Mi novio siempre dice que mis "y sis" son interminables y que puedo llegar a aburrir a cualquiera de tantos que me planteo. La verdad es que a veces me aburro hasta yo, y caigo dormida rendida ante mi misma en cualquier sitio medianamente mullidito. Antes creía que simplemente era una persona que necesitaba dormir más que la media. Ultimamente me estoy planteando que pueda ser porque mi cerebro se quiera dar un respiro de "y sis" de vez en cuando. Es una facultad graciosa. Pero esa es otra historia. Más adelante quizás os la cuente.