
Cuando llegamos a esta isla, todo era nuevo, todo olía a nuevo.
Viniendo de una ciudad grande como Madrid, al principio te resulta difícil adaptarte al ritmo de vida que aquí llevan. Para mi era imposible pensar en vivir en un piso que no estuviera cerca del centro, o relativamente cerca, es decir, que tuviera la opción de poder ir andando desde el mismo a cualquier lado aunque tardara un poco más. Cuando empezamos a buscar nuestro futuro hogar nos fuimos dando cuenta poco a poco que la distribución de esta ciudad poco tenía que ver con lo que estábamos acostumbrados.
La mayoría de la gente no vive en el "city centre", sino mas bien todo lo contrario. Aquí prefieren los barrios residenciales, lejos del bullicio de la metrópoli. Son construcciones tipo chalets adosados, normalmente con sus propias parcelas con jardín que suelen decorar con flores y plantas cuidadas con esmero. La ventaja es que son muy tranquilos, porque lo único que les rodea son parques, árboles, y la casa del vecino. Aquí cada pequeña urbanización se separa con parques, asi que son como una máxima. Les debe de encantar eso de que les llamen la isla esmeralda y no quieren perder las buenas costumbres.
No exagero, la media para ir a cualquier lado es atravesar lo menos tres parques. En Madrid equivaldrían a tres paradas de metro. Tanta tranquilidad es genial para dormir por las noches pero absolutamente desesperante cuando tienes que desplazarte andando a cualquier lado. Todo, absolutamente todo está lejos.
No exagero, la media para ir a cualquier lado es atravesar lo menos tres parques. En Madrid equivaldrían a tres paradas de metro. Tanta tranquilidad es genial para dormir por las noches pero absolutamente desesperante cuando tienes que desplazarte andando a cualquier lado. Todo, absolutamente todo está lejos.
El concepto de la típica tienda de barrio, a la cual vas a hacer compras tontas tipo: "Ay cariño, se me ha olvidado comprar el pan, bajas un momento?" o tipo: "Esta ansiedad me va a matar, necesito chocolate!!" aquí no se lleva. Si vas a comprar te vas con todo el equipo: coche, bolsas y tarjeta de crédito. Así que si dispones de éste estupendo, porque aparcas, cargas y en 10 minutos estás en tu casita viendo la tele. Pero cuando no es el caso...estás jodido.
Creo que aquí he caminado más que los últimos dos meses que pasé en Madrid. Y no me malinterpretéis, que me encanta caminar pero cuando llevas una mochila a la espalda cargada de cebollas, leche, pimientos y pollo andar durante media hora se hace un pelín horroroso.
Eso si, por lo menos desgasto las calorías que se me están acumulando de comer esas guarrerías precocinadas buenísimas que encuentras en todos los super. Si ya lo digo yo, no hay mal que por bien no venga.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario